viernes, 7 de agosto de 2009

La amenaza oculta en el permafrost

La amenaza oculta en el permafrost. Foto: Edward A. G. SchuurLa gran cantidad de carbono almacenado en el ártico y buena parte de sus alrededores es más del doble de lo que se había estimado previamente. Esa cantidad descomunal de carbono en los suelos congelados, sedimentos y deltas de ríos, en la forma de permafrost, genera una gran preocupación sobre el papel que tendrán las regiones boreales en la producción de gases con efecto invernadero.

Esa cantidad descomunal de carbono en los suelos congelados, sedimentos y deltas de ríos, en la forma de permafrost, genera una gran preocupación sobre el papel que tendrán las regiones boreales en la producción de gases con efecto invernadero.

Los grandes depósitos de permafrost se encuentran en zonas del hemisferio norte como Canadá, Groenlandia, Kazajstán, Mongolia, Rusia, Escandinavia y Estados Unidos.

El equipo de Charles Tarnocai, de la AAFC (Agriculture and Agri-Food), una institución canadiense con sede en Ottawa, estima ahora que los depósitos contienen más de un billón y medio (1,5 millones de millones) de toneladas de carbono congelado, cerca del doble del que contiene la atmósfera.

Pep Canadell, el director ejecutivo del Proyecto Global del Carbono en la CSIRO, Australia, y coautor del estudio, asegura que la existencia de estos inmensos depósitos de carbono congelado significa que cualquier fusión del permafrost debida al calentamiento global podría conducir a emisiones significativas de dióxido de carbono y metano, los principales gases con efecto invernadero.

Esos depósitos de carbono helado, atrapado de este modo en el terreno desde hace miles de años, pueden liberar con facilidad su peligroso contenido a la atmósfera en cuanto se derrita el permafrost.

La datación mediante radiocarbono muestra que la mayor parte del dióxido de carbono que ya se está liberando por la fusión de permafrost en Alaska fue formado y congelado miles de años atrás.

Los autores del estudio advierten de la gran incertidumbre que existe respecto a la aceleración que pueda darse en el cambio climático por culpa de la liberación a la atmósfera de carbono procedente del permafrost derretido.

Toda evidencia a fecha de hoy muestra que el carbono almacenado en el permafrost va a ejercer un papel significativo en el clima del siglo XXI, debido a los grandes depósitos de carbono, la facilidad con la que el permafrost libera gases de efecto invernadero al fundirse y el hecho de que las áreas de las latitudes más altas experimentarán los mayores aumentos en la temperatura atmosférica.

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